A Wilmar Barbosa le tocó el Chicharrón

–¡Año nuevo, vida nueva… más alegres los días serán…! Muchos colombianos cantaron esta canción, acompañados de un par de lágrimas en sus ojos, mientras el reloj marcaba el inicio de un Nuevo Año. Año que no será nada fácil para mis compatriotas, pues con un salario mínimo, muy mínimo; más un incremento en el IVA del 19%, y un implacable fenómeno de El Niño, ni el Divino Niño sobrevive en este país. Bueno, de pronto la venta de Isagén sería la solución a nuestros problemas. Pero mientras esto ocurre, que difícilmente creo que pase, algunos mentirosos aprovecharon esta fecha especial para prometer cosas que como Santos jamás cumplirán.

Otros fueron más soñadores, y no estoy hablando de los seguidores de la Selección Colombia, quienes creen que la “Tricolor” irá al Mundial de Rusia 2018. Me refiero es a las personas que hicieron agüeros a la media noche. Por ejemplo, el alcalde Barbosa, hizo el agüero de las 12 uvas. A él no le importó el hecho de que tuviera que cruzar por el tormentoso trancón del centro de la ciudad, para comprarse sus uvas.

Luego de disfrutar de la cena de Año Nuevo, que a propósito fue unos chicharrones bien grandes, porque últimamente esta es la comida que le ha tocado al mandatario. El burgomaestre tomó sus uvas verdes, bien verdes y jugosas, y empezó a saborearlas.

El primer deseo que le oí decir al alcalde, se le escuchó con un tono triste y melancólico, y como no iba a sonar así.  Si él le pidió a la estrella de Belén, que le guiara el camino para encontrar los 10. 500. 000 millones de pesos, que giró el Ministerio de Educación para el pago de la nómina del mes de diciembre de los docentes. Al parecer, por el desorden que hay en la alcaldía de Villavicencio.

La segunda uva se le desvaneció en sus manos, antes de llevársela a la boca. Fue como una simple ilusión, o un vil engaño. Pero no importa, él sigue convencido que el deseo que pidió se le cumplirá.  Ese segundo deseo que anheló, fue contrarrestar las altas cifras de delitos con los que cerró el 2015 la ciudad. Para ello, yo le doy un consejo. Que se compre un extintor, para apagar las cortinas de humo que ocultaban estas cifras.

Después de comerse diez uvas, unas amargas, otras ácidas y unas muy picantes. Barbosa hizo la penúltima petición, en esta ocasión se la hizo a Santa Elena, para que le ayude a encontrar los equipos que se encuentran extraviados de la Secretaría de Prensa de la Alcaldía.

Y ya para terminar, aprovechando que la última uva le salió más grande que el resto del ramillete, el alcalde pidió doble deseo. El primero fue, que los duendes no dallaran más el teatro Rosita Hoyos, y así de esta manera, él nos pudiera dar una declaración en este lugar. El último y no menos importante, fue pedirle a Popeye, pero no alias “Popeye”, sino a Popeye el Marino un tarro de espinacas, para dárselo a tomar a los trabajadores de las obras que quedaron contratadas.

Casi no me quedan reglones para hablar de los regalos navideños que le compré al alcalde Barbosa. Primero, unos computadores que si sirvan, no como los que encontraron en la secretaría de prensa. Segundo, una memoria USB con mucha música, y porque no, que tenga el himno de Villavicencio. Puesto que encontraron la emisora sin música y sin himnos. Mi tercer y último regalo, es un jabón de tierra y un tinté: para que cuide su cabellera y no terminé como Papá Nobel o el sacerdote Diego Jaramillo.  Porque estos cuatro años le sacaran muchas canas.

 Escrito por: Camila Mojica.

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