El dolor de un inocente sin voz

Vivimos en un estado en donde las palabras son hermosas escritas en un papel, pero a la hora de la verdad, nos damos cuenta que en la sociedad actual muchas de estas cosas son únicamente mentiras, tal como lo es el caso de la desprotección hacia los animales que viven en las calles.

Todos los días vemos cómo maltratan y humillan a los perritos que caminan por las calles y nadie hace nada, porque lamentablemente, Colombia se convirtió en un país que es insensible hacia el dolor ajeno, y es lo más triste, es que en nuestro país muchos ciudadanos promueven el maltrato animal, apoyando actividades que lastiman físicamente a un ser sintiente que no tiene la capacidad de expresar su voluntad, un ser que es víctima del desorden social y mental de determinados seres humanos que se divierten absurdamente viendo como un animal inocente es maltratado y humillado públicamente. 

Es despreciable ver como en Colombia distintas administraciones promueven y apoyan actividades que maltraten a estos seres que son inocentes, víctimas de las desgracias promovidas por el hombre. Ver todos los días como los perritos en todas las ciudades del país, se esfuerzan por buscar su alimentación y muchas veces lo que reciben son desprecios y atropellos por parte de los colombianos. A ellos les duele, también lloran, sienten el desprecio por parte de la sociedad, y lo peor del caso es que NO PUEDEN EXPRESARSE, esto las personas lo pasan esto por alto 

Muchas de las veces en algunos lugares pudientes, se acerca un animal buscando un poco de comida y son tan despreciables las personas que con palos y piedras los espantan, COBARDÍA HUMANA es lo que reflejan estas personas 

En algunos centros comerciales del país, no permiten el ingreso de animales a sus establecimientos, siendo ellos discriminatorios, rechazando a un inocente, rompiéndole el corazón a niños y niñas que llevan a su perrito para compartir una tarde en familia, y no les interesa a los dueños de estos establecimientos ordenar la salida inmediata de los caninos destrozando el corazón no solo de los niños, si no que también de una familia que siente discriminación a una parte importante de la misma.

No podemos seguir permitiendo que en Colombia nuestros animalitos sigan siendo víctimas de discriminación por personas que no les interesan los sentimientos de estos seres indefensos que no pueden expresarse y que están llenos únicamente de amor y felicidad.

Son seres que únicamente llegan a nuestras vidas a brindar mucho amor, protección, compañía, fidelidad, y muchas veces llegan a unir familias. Son seres que solo provocan ternura y no le hace daño a nadie, solo buscan que les den un buen trato y sentirse amados, acogidos y protegidos, quieren que no los alejen o rechacen  por tan solo ser un animal; porque lo que no se dan cuenta un gran porcentaje de personas, es que estos animalitos muchas veces valen más que un ser humano que solo piensa en hacer el mal o dañar.

No podemos seguir permitiendo que  sigan siendo víctimas de ataques por parte de personas cobardes que no son capaces de entender la inocencia de estos seres maravillosos en la sociedad. No permitamos que nuestros ciudadanos discriminen y maltraten a nuestros animalitos todos los días. 

Es hora de poner un alto y hacer un llamado respetuoso a todos los administradores de los centros comerciales del país, a todos los empresarios, a todos los restaurantes, a las diferentes administraciones municipales para que tomen cartas en el asunto, y no sigan permitiendo que los animales sigan siendo maltratados en nuestra sociedad actual.

De igual manera, a los ciudadanos colombianos para que no maltraten ni promuevan el maltrato animal en ninguna de sus formas y que si conocen de algun caso de maltrato animal, tomen evidencias fotográficas y fílmicas, para que denuncien a estos cobardes que maltratan a los animales para entretener o humillar 

Juntos lograremos aumentar la protección a nuestros animalitos que hoy en día son víctimas de la humillación, el maltrato y el desprecio por parte de la sociedad. 

Por: Heidy Catalina López Urrea

Estudiante de Psicología 

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