El Riesgo de los Colgantes

Aunque desde febrero del 2017 existe un inventario con todos los puentes colgantes en mal estado del departamento, no se ha llevado a cabo un plan de intervención de las estructuras. Comunidades de áreas rurales, las más afectadas.

 En enero del 2017, un puente colgante de madera se cayó en la vereda El Carmen (Villavicencio), causando nueve muertes. Tras la tragedia, un juez ordenó a la Gobernación del Meta entregar un inventario con todos los puentes colgantes del departamento. El inventario, entregado en febrero del 2017, arrojó que existen casi 180 puentes colgantes en 27 municipios, de los cuales alrededor de 65 están en mal estado y aproximadamente 84 están en regular estado.

Hasta enero del 2018,  un año después del drama de El Carmen, ni la Gobernación del Meta o las administraciones municipales tenían un plan de intervención de esos puentes.

“Ese análisis aún no se ha realizado porque no hemos determinado, de ese inventario, si se van a hacer las 140 o 150 visitas o si se van a determinar, de acuerdo al inventario, las prioridades. Sin embargo, a la par de eso, la entidad sí ha estado desarrollando intervenciones en puentes por temas de ola invernal y en puentes que han sufrido deterioro”, aseguró en ese momento Julián Osorio, gerente de la Agencia de Infraestructura del Meta.

Según Osorio, la Gobernación sí ha intervenido puentes que estaban en el inventario, pero debido a medidas de contingencia de la ola invernal.

Por su parte, la Alcaldía de Villavicencio, pocas semanas después de la tragedia de El Carmen, reemplazó una estructura obsoleta por un puente metálico en la vereda Puente Abadía, pero no ha arreglado los dos puentes colgantes de madera que conducen a Quebrada Honda, uno en los límites con la vereda San Cristóbal, que es usado por estudiantes que viven en San Cristóbal y estudian en la escuela de Quebrada Honda, y el otro ubicado sobre Quebrada Blanca, que es usado para sacar a lomo de bestia los productos que se cultivan en la vereda, así como por aficionados al motocross.

El puente sobre la Quebrada Blanca se sostiene, en uno de los lados, por dos postes de madera, y constantemente los habitantes de la vereda deben reemplazar los tablones deteriorados por tablas en buen estado.

Este medio trató de obtener la versión oficial de la Alcaldía de Villavicencio sobre los planes para estos puentes, pero las peticiones de una entrevista con la secretaria de Infraestructura no fueron contestadas.

Puentes deben ser rehabilitados: experto

Periódico del Meta visitó 10 puentes colgantes, ubicados en áreas rurales de distintos municipios, y corroboró que continúan en el mismo estado en el que se encontraban hace un año. Incluso, hay puentes que solo han sido arreglados parcialmente por la misma comunidad, que, por ejemplo, ha reemplazado los tablones de madera que estaban podridos.

Las fotos de esos puentes le fueron presentadas al ingeniero William Valencia, presidente de la Sociedad de Ingenieros del Meta, quien sostuvo:

“De acuerdo al registro fotográfico, la gran mayoría son puentes colgantes atirantados cuya superestructura está soportada en maderamen, vigas principales laterales y listones o tablones como placa de piso. Lo que se observa en cada una de ellas es el deterioro de todo el maderamen, mucho del cual está completamente podrido, se requiere de una rehabilitación y un mantenimiento casi inmediato, y más sabiendo que nos estamos aproximando a la época invernal”, manifestó.

“También se observa otro puente que, en lugar de tener unos anclajes muertos con concreto simples o armados, tiene anclajes que están amarrados de unos gaviones en piedra en los cuales se observa que la malla está rota y empieza a mostrar el riesgo de una ruptura a futuro y puede generar un riesgo en las personas que lo están utilizando actualmente”, agregó el ingeniero Valencia.

Los puentes

Ese es el caso de tres puentes colgantes y un cable o tarabita en San Juan de Arama, ubicados en las veredas Monserrate Bajo y Bocas del Zanza. En esta última, hay puente de madera en mal estado que permite que los habitantes de la parte alta se comuniquen con el resto del municipio. Cerca, hay otro puente estrecho de tablones de madera separados que en más de una ocasión ha sido arrastrado por el río. Estos puentes son usados, principalmente, para sacar a lomo de mula productos lácteos, cacao y café.

En la vereda El Tablón, en San Juanito, por dar otro ejemplo, el puente sobre la Quebrada El Espejo fue destruido hace dos años, después de que la caída de agua se represara hasta desbordarse y levantara por el aire la estructura de hormigón y madera.  Hoy hay un puente de madera soportado con troncos de madera, sin pilones ni bases sólidas.

En El Castillo, los niños de la vereda La Esmeralda deben cruzar todos los días el puente en mal estado sobre el río La Cristalina, acompañados por un padre de familia y un docente. Ese puente, sin embargo, aparece en el inventario como si estuviera en “buen estado”.

 A un par de horas, en la vereda Juguaro, en Cubarral, los habitantes se resignaron a que frecuentemente se averíe el moderno cable instalado hace unos seis años, que les permite comunicarse con la vereda Arrayanes. De manera que se ha vuelto normal volver a usar el viejo cable, que debe ser impulsado manualmente con una cuerda, maniobra que ha causado que personas de varias generaciones se lastimen los dedos de las manos, según explica una mujer de la vereda.

Redactado por:

Por Juan Fernando Alzate

Cortesía Especial Periódico del Meta

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