Una ciudad para nosotras

 Si algo nos dejaron las campañas a la presidencia y la consulta anticorrupción es que fuera de los ya concebidos problemas de conflicto y desigualdad que han ocupado la agenda mediática y política de los últimos 50 años de nuestra historia, existen otros que han ido creciendo por indiferencia o descomposición del mismo sistema; hago referencia concreta al tema de corrupción política, el cual quedó instalado en la agenda política nacional y parece de difícil remoción.

 El segundo semestre post campaña estuvo marcado por el hito de la consulta que tuvo una cantidad enorme de votos sin ningún tipo de apoyo institucional, más que de los verdes y de los voluntarios que se movilizaron ese día para decirle no a la corrupción.

 En Villavicencio fue un hecho sin precedentes, pues las maquinarias tradicionales no movieron un solo dedo para apoyar esta noble causa que sin embargo; obtuvo en promedio unos 137.000 sufragios, muchos más que los 102,825 votos de nuestro actual alcalde y que los 124,081 votos que obtuvo nuestra gobernadora en todo el departamento.

 El mandato es claro y contundente; la ciudadanía está harta de la corrupción y la inoperancia de los políticos y por más que ahora suenan tambores de guerra, el tema ya está metido en la agenda y será difícil desplazarlo. Así lo reconocen al más alto nivel, por eso el presidente Duque aparenta construir un gobierno sin mermelada, que aunque con altibajos sigue siendo una de sus principales banderas y con la que ha puesto en jaque a bastantes políticos.

 Falta entonces que en el nivel local se tomen las decisiones pertinentes y se dan claras muestras de transparencia en la contratación. Pareciera ser que falta mucho para que los políticos den cuenta de este importante paso y den muestras de cambio real.

Se avecina una batalla electoral en la que se hace necesario que primen las ideas, se le devuelva la confianza al ciudadano y se ejerza una política respetuosa con el elector y el contrincante. Villavicencio ya maduró a la hora de elegir a sus administradores públicos y es momento de demostrarlo. La politiquería de siempre que inunda las calles con banderas, vallas y afiches ya no será la que impondrá un dirigente, será el voto ciudadano, consiente y transparente el que decidirá quién liderará la ciudad.

De momento quienes siempre han ocupado espacios en lo público, buscan fortalecerse y reinventarse para continuar atornillados en el poder, sin mostrar un poco de arrepentimiento por las problemáticas actuales de la ciudad, desconectados de la realidad, como lo están desde hace mucho tiempo, muy lejanos de la ciudadanía, lejanos de pensar en una ciudad para nosotras, las personas.

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