¿Villavicencio es una ciudad accesible e incluyente?

Durante mucho tiempo me he hecho está pregunta: ¿Villavicencio es una ciudad accesible e incluyente? Sin embargo, hoy, luego de tres años, periodo de tiempo en el que he tenido que movilizarme con la ayuda de un bastón. Me he dado cuenta de que no es así.  Y esta afirmación la hago sin ningún temor a equivocarme. Ya que he evidenciado que en la capital del Meta, por ejemplo, no existe ni un solo semáforo sonoro. Pese a que en la anterior administración, el Secretario de Movilidad de ese entonces, se comprometió a instalar 8 intersecciones semafóricas sonoras, las cuales entrarían en funcionamiento hacia finales del año pasado. No obstante, la ejecución de dicho proyecto, sólo quedó en simples promesas.

Aunque debo decir que la falta de semáforos sonoros en Villavicencio, no es la única razón por la que aseguró que esta ciudad no es incluyente. También se evidencia que los diseños arquitectónicos de las rampas, herramientas que fueron habilitadas  para que las personas en situación de diversidad funcional física se pudieran transportar, no cumplen con las normas requeridas. Hecho que pone en peligro a esta población. Ya que en muchas ocasiones, los desniveles de las mismas no son los permitidos. Y en vez de lograr que estas personas se movilicen, por el contrario lo que ocasiona son accidentes.

Pero ni hablar del servicio de transporte público. En esta ciudad es muy normal hallar flotillas de buses o busetas, que aún en sus carrocerías conservan la máquina registradora. Un elemento que impide el paso de personas en situación de diversidad funcional. Inclusive, algunos vehículos  no tienen establecido los espacios para que las personas que utilizan sillas de ruedas puedan acceder a este servicio. Además, al personal que conduce estos automotores, tampoco los capacitan sobre el manejo que le deben brindar a esta comunidad.

Pero la lista no termina aquí. La invasión del espacio público también es una de las principales falencias qué tiene Villavicencio, a la hora de considerarse como una ciudad incluyente, pese a que la Secretaría de Control Físico  en los últimos meses ha adelantado operativos. Pues, para una persona invidente o con movilidad reducida, en muchas ocasiones es una odisea tener que transportarse por sectores como el San Benito, la Calle de las Floristerías, la zona de las veterinarias, entre otros lugares, en donde uno no sabe, si es mejor exponerse a que un vehículo lo atropelle o a recibir algún golpe, el cual es producto de chocar con las motos, carros, sillas y mesas, que estacionan en la acera  de los andenes.

Y ya para culminar. Lo único que quiero decir, es que hasta que todos nos pongamos en los zapatos de las personas con diversidad funcional, veremos la necesidad de convertir a Villavicencio en una ciudad más incluyente y accesible.

 

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