¡Ya basta!

Por: Sergio Muñóz Bata

Las mujeres salieron a reivindicar sus derechos, ahora nos corresponde ponerle coto a la desigualdad.

De Colombia a México; en Chile, Argentina, España, Argelia, Francia, Bélgica, Alemania, Pakistán e Irak, cientos de miles de mujeres han protestado en contra de los feminicidios, la impunidad a los violadores, la inequidad laboral y en el hogar, la falta de respeto y el patriarcado en el que por siglos han sido obligadas a vivir.

Las historias de horror que a diario tienen que vivir las mujeres son intolerables: en Nicaragua, por ejemplo, reporta Amnistía Internacional, un grupo de fanáticos religiosos quemaron a una mujer en la hoguera; en México, 10 mujeres son asesinadas cada día, y 30 millones de los 46 millones de mujeres mayores de 15 años han experimentado actos de violencia alguna vez en su vida tan solo por ser mujeres.

Pero el feminicidio o la violación sexual no son los únicos acosos que sufren las mujeres. También lo es la manera desigual como son tratadas en el hogar y el trabajo.

En todo el mundo, 8 de cada 10 puestos de dirección son ocupados por hombres, y se estima que serían necesarios 108 para alcanzar paridad salarial entre hombres y mujeres, y mientras tanto, la brecha salarial entre los géneros propicia la dependencia económica de muchas mujeres.

Las mujeres marchan para reclamar condiciones de igualdad en los hogares, es decir, para que hombres y mujeres participen por igual en las tareas domésticas y para eliminar los estereotipos que promueven la cosificación de las mujeres y las niñas.

El propósito declarado de su movimiento es aprovechar el poder político de algunas mujeres y de sus comunidades para crear un cambio social transformador.

Se trata de un movimiento dirigido por mujeres para educar a otras mujeres sobre temas que les incumben y les preocupan; para invitar a las activistas a que participen en sus comunidades ofreciendo programas de capacitación y de divulgación de eventos.

Se trata también de desmantelar los sistemas de opresión a través de la resistencia no violenta, para construir nuevas estructuras inclusivas basadas en la autodeterminación, la dignidad y el respeto. Para estas mujeres, los derechos de la mujer son derechos humanos y los derechos humanos, derechos de las mujeres.

Ahora nos corresponde a todos, hombres y mujeres, exigirles a los políticos que hagan su trabajo y se le ponga coto a la desigualdad de género.

Sergio Muñoz Bata, columnista del periódico El Tiempo.

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