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1500 indigentes en Villavicencio

Las condiciones en las que viven y su apariencia generan diferentes juicios de valor en la mayoría de los ciudadanos, quienes las califican principalmente como potenciales causantes de inseguridad y drogadicción. Estas percepciones generan incomodidad y repudio, considerándolas el principal peligro de la ciudad. Sin embargo, muchos desconocen el trasfondo de la situación de cada habitante de calle, lo cual es crucial para identificar el verdadero peligro detrás de esta problemática.

Primero, es necesario definir la palabra «indigente». Según la RAE, se define como «persona que carece de los medios necesarios para vivir». Es fundamental entender que la mayoría de las personas no eligen ser indigentes. Llegar a esta condición es el resultado de problemas estructurales.

Colombia se encuentra entre los países más desiguales del mundo según el índice de Gini y estadísticas del World Inequality Lab. Más del 20% de los ingresos del país van destinados a las élites o personas privilegiadas, lo cual es revelador. La desigualdad genera pobreza, y la pobreza lleva a muchas personas a convertirse en habitantes de calle por falta de oportunidades.

Es importante reconocer que la situación de calle tiene dos caras. Por un lado, están quienes buscan ganarse la vida honestamente; por otro, aquellos que eligen el camino de las drogas, lo cual causa una generalización negativa de los habitantes de calle como un «peligro». Tanto el Estado como la Administración Municipal han cultivado esta imagen, ya que su falta de políticas para reducir la desigualdad busca encontrar un culpable.

La Administración no debe enfocarse en crear estrategias para que los ciudadanos no les den dinero a los indigentes, ni invertir tiempo y recursos en esto. Es crucial buscar la raíz del problema, entendiendo que se trata de una problemática socioeconómica y política compleja que requiere una comprensión profunda para adoptar medidas de prevención contra la pobreza y la desigualdad en la ciudad.

Es necesario garantizar espacios dignos de vivienda, oportunidades laborales y programas clínicos para la rehabilitación de adicciones, creando políticas de inclusión social que ofrezcan los medios necesarios para vivir.

 Los causantes de los problemas de seguridad e imagen de la ciudad no son los indigentes, sino el abandono y el olvido por parte de las autoridades competentes.

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